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Fin de Semana
   
 
   
 
Caravaca de la Cruz, Ciudad Santa

José Bañuls

Pocos lugares hay que estén tan indisolublemente unidos a un símbolo, en este caso religioso, como Caravaca de la Cruz y la Cruz de Caravaca, que no es un trabalenguas o un juego de palabras, sino una realidad palpable en cada esquina de esta localidad del noroeste murciano.

Caravaca Caravaca Caravaca

Lo que hoy día es el término municipal de Caravaca de la Cruz, tiene en varios de sus puntos estratégicos, restos de asentamientos poblacionales que van desde el Paleolítico hasta nuestros días, eso sí, pasando primero por vestigios de yacimientos eneolíticos, argáricos, iberos y romanos. Aunque para hablar de Caravaca como núcleo de población debemos llegar hasta la Edad Media, en la época de la dominación musulmana, que es cuando la villa comienza a tomar forma y se sientan las bases de su primer urbanismo.

Con poco más de 858 km2. de extensión, el Municipio de Caravaca de la Cruz es cabecera de la Comarca del Noroeste de la Región Autónoma de Murcia y cuenta con un censo ligeramente superior a los veinticinco mil habitantes.

La población, situada a 625 metros sobre el nivel del mar, se ha desarrollado alrededor del Castillo Santuario que la corona, y está atravesada por los ríos Argos y Quípar, lo que ayudó a que Caravaca de la Cruz se convirtiese desde sus inicios en un importante centro agrícola y ganadero, muy apetecible por las diferentes culturas y civilizaciones que en sus tierras y alrededores se fueron aposentando, especialmente durante la época musulmana. Pero fue precisamente con la conquista del Reino de Granada con lo que Caravaca experimentará un espectacular auge social, poblacional y económico. 

No obstante, el gran desarrollo de Caravaca de la Cruz no se producirá hasta mediado el siglo XVIII, basado especialmente en la producción de cereales y cáñamo. Ya en el XIX, la actividad agropecuaria caravaqueña está más diversificada, contándose entre sus numerosos recursos con la madera de pino, el esparto, los cereales, el aceite, las frutas, el cáñamo, el ganado lanar y caprino y en distintas industrias como la de los paños, jabones y aguardientes.

La Vera Cruz
Hay un elemento que se ha dejado a propósito para desarrollar aparte, y es la presencia en Caravaca de las órdenes Militares del Temple y posteriormente de Santiago. Presencia que coincide con la reconquista cristiana y con la aparición de lo que será el símbolo de referencia de Caravaca desde ese mismo momento, la Santísima y Vera Cruz de Caravaca.

Cuenta la leyenda que la Vera Cruz aparece de modo milagroso en el mismo instante en que un cura, cautivo musulmán, natural de Cuenca, de nombre Ginés Pérez Chirinos iba a oficiar una misa para el Sayid Almohade de Valencia, Abu-Zeit, a instancias y por curiosidad del Sayid que no sabía como era una misa y que por motivos de la luchas fronterizas, en el año 1232 en que acontece la historia se encontraba instalado en Caravaca.

El cura Chirinos, recién comenzada la misa para el Sayid, vio que no disponía de ningún crucifijo en el altar, y ante este hecho manifestó la imposibilidad de continuar con el rito religioso, instante este en que dos ángeles aparecieron milagrosamente en el Alcázar portando una cruz que situaron en el altar. Sigue contando la leyenda, que ante este milagroso acontecer, el Sayid y todos los suyos se convirtieron al cristianismo.

Fuera como fuese, lo cierto es que Caravaca ya no volvió a ser la misma desde el momento de la aparición de la Cruz, si bien de todo esto se tratará en un apartado especial.

La Edad Media
Retomando un poco el hilo de la historia hay que señalar que son pocas las referencias a Caravaca antes de la época musulmana, en que toma importancia por su condición de frontera entre el reino de taifa de Murcia y el reino de Granada. El rey murciano, Muhammad Ibn Hud, se ve obligado a pedir protección al rey cristiano Fernando III, ofreciéndole vasallaje, y así en 1243 se firma la Capitulación de Alcaraz, y en ese mismo año, el Infante Don Alfonso, más tarde conocido como Alfonso X El Sabio, toma posesión en nombre de la Corona de Castilla de casi todo el reino, y también en ese mismo año, en el mes de julio, el catalán Berenguer de Entenza toma posesión de Caravaca.

A los musulmanes que allí habitaban les fueron reconocidas la religión, propiedades, leyes y costumbres, situación que se mantuvo hasta la sublevación Mudéjar de 1264. Dos años después, sofocados los mudéjares por las tropas castellanas, las tierras del noroeste, Caravaca, Cehegín y Bullas, son entregadas por el rey de Castilla  a los Caballeros Templarios hasta su desaparición en 1312, momento en el que pasaron a manos de los Caballeros de la Orden de Santiago, en principio de hecho y desde el 1344, de derecho, cuando el 3 de agosto de dicho año, el rey Alfonso XI, por un privilegio fechado en Toro, concede a su hijo bastardo Don Fadrique, Maestre de la Orden de Santiago, las villas y lugares de Caravaca, Cehegín y Bullas.

La Frontera
La situación de Caravaca, en plena frontera con el reino musulmán de Granada mantiene en un modo de vida precario a la mayoría de sus gentes. Ya a finales del siglo XIV es cuando se construyen las torres de vigía de "La Represa" y de "Jorquera", localizadas en los pasos naturales abiertos sobre los ríos Argos y Quípar, tránsito obligado de los viajeros rumbo a Lorca y Huéscar. Las torres cumplían la función de avisar sobre posibles incursiones musulmanas, que al igual que las cristianas no tenían otro propósito que el pillaje y obtener de este modo, fama y honor entre los de su propio bando, así como temor y respeto entre los contrarios. A toda esta inestable situación, además había que añadirle la presencia de almogávares, gente que vivía precisamente de la frontera, esto es, el contrabando y el robo. Es evidente que con este modo de vida, resultaba especialmente difícil el mantener una población estable en la zona, y aquí es cuando aparece la reliquia de la Vera Cruz, que se convirtió en un gran foco de atracción, al concederse importantes indulgencias, tanto a sus devotos como especialmente a sus defensores, y actuó como un gran soporte emocional, habida cuenta de la importancia de la religión en la época que estamos tratando.

El Renacimiento
Poco a poco, Caravaca va asentando su población, la reconquista está completada y la economía comienza a florecer al conseguirse con la paz, el aprovechamiento de todo su amplio alfoz. Fuera de los muros de la ciudad antigua la nueva ciudad comienza a expandirse, surgen nuevos barrios y sus calles van conformando lo que será el futuro urbanismo de la villa. El auge económico comienza a atraer a las órdenes religiosas, instalándose en Caravaca los Hermanos de San Juan de Dios en el año 1512, y construyendo una casa-hospital junto a la Ermita del Buen Suceso. Con posterioridad, son los Jesuitas quienes fundan un nuevo colegio, cerca de donde en la actualidad se encuentra el Convento de Santa Clara, hasta que en el 1595 concluyen las obras de un nuevo edificio en plena Calle Mayor, enclave en el que permanecen hasta que la Orden es expulsada de España en el 1767.

Fray Diego de Carrascosa, Provincial de los Franciscanos, toma en 1571 posesión de un huerto cercano a la actual Glorieta, lugar en donde la orden permanecerá hasta la definitiva conclusión del Monasterio de Santa María de Gracia, que estuvo situado en el lugar donde hoy día se haya ubicada la Plaza de Toros.

En el trasiego de ordenes religiosas, las Carmelitas Descalzas, por especial deseo de Teresa de Jesús, se establecen en Caravaca en el año 1576, en la actual Calle Mayor. Le siguen los Jerónimos, que en 1581 ocupan un lugar situado en las cercanías del Barranco de Trascastillo, llamado Barranco de San Jerónimo, hasta que se trasladan a los terrenos cedidos a la orden por Jacome Bracamonte, cuando corría el año 1683. El genovés Bracamonte cedió estos terrenos en las inmediaciones del actual Templete, en el lugar que hoy ocupa la Casa de Cultura. Los Jerónimos permanecieron en este lugar hasta la promulgación de las leyes desamortizadoras de Mendizábal, ministro de la regente María Cristina de Borbón, que tanta trascendencia tuvieron en la historia social de España.

Puede decirse que la última orden religiosa en instalarse en Caravaca durante el siglo XVI fue la de los padres Carmelitas Descalzos, que fue realizada en persona por San Juan de la Cruz, ya en el año 1586.

Desde el Siglo XVII
Durante el siglo XVII Caravaca ve interrumpido su desarrollo, pues en todo su territorio se conjugan lo que podríamos llamar una serie de catástrofes naturales, como largos periodos de sequía que se ven acompañados de lluvias torrenciales y devastadores pedriscos, circunstancias a las que se unen varias plagas de langosta. Todo ello conduce a la población a un estado extremo de necesidad. Las epidemias, como la peste bubónica o las fiebres terciarias producen con su mortandad una disminución notable de la población, y es en estos momentos de tragedia cuando la religión católica juega un papel importantísimo.
Se recurre a la Vera Cruz en forma de rogativas y conjuros, suplicando en todo tipo de rezos la desaparición de las plagas y el retorno a la vida apacible. Y como nada es eterno, con la llegada del siglo XVIII Caravaca de nuevo experimenta una considerable mejora. Las epidemias remiten, las cosechas mejoran, los conflictos se van solucionando y comienza un constante crecimiento demográfico. Los jesuitas son expulsados de Caravaca y de España por orden de Carlos III y se alzan o finalizan algunos de los monumentos más significativos con los que aún cuenta la ciudad actual.

La actividad económica continúa siendo la agropecuaria, con el trigo como el cereal más cultivado, y el vino. Otros productos de gran producción son el aceite y de forma destacada el cáñamo, utilizado en las fábricas de alpargatas y sobre todo en los diferentes tipos de cuerdas y sogas realizados para la Marina.

El crecimiento poblacional de Caravaca continuará hasta la segunda mitad del siglo XIX, y a partir de ahí comenzará un nuevo periodo descendente motivado por diversas causas, como la grave epidemia de gripe de 1918, el trágico periodo de la Guerra Civil y la posguerra, la caída de la industria alpargatera y la consiguiente emigración en la década de los años 60, especialmente hacia Cataluña, Madrid, Francia y Alemania.

La nueva ciudad
Con todos estos vaivenes, el urbanismo de Caravaca crece o se frena, según el momento, siendo a comienzos del s.XX cuando se produce la gran expansión de la villa. Alrededor del 1920 dan comienzo los trabajos para la construcción de la Gran Vía, que unía el antiguo acceso principal a la ciudad, llamado "La puentecilla" con la nueva carretera, lo que conllevó la edificación en ella del Nuevo Teatro Cinema y de la Plaza de Abastos. La Plaza de Toros se restaura y amplia durante el año 1926, y poco tiempo después se inaugura el nuevo matadero, de estilo neomudéjar, así como un nuevo y amplio cementerio.

En la actualidad, Caravaca de la Cruz es una pujante ciudad que cuenta con multitud de servicios y una gran afluencia de visitantes que acuden hasta ella, mayoritariamente atraídos por el gran reclamo de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca. Este importante trasiego de personas encuentra su respuesta en numerosos centros, como el Museo del Santuario de la Vera Cruz, ubicado en el recinto del Alcázar Santuario; el Museo de la Fiesta, situado en la antigua Casa de los Uribe, en la calle de las Monjas; El Museo Arqueológico "La Soledad", con un equipamiento de primer orden y situado en la Cuesta del Castillo, en pleno centro histórico y en un edificio de gran valor patrimonial, como es la antigua Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad; y el Centro de Visitantes, que ocupa el llamado "Torreón de los Templarios" situado en la entrada principal del paseo de las Fuentes del Marqués.

La Artesanía, basada especialmente en innumerables reproducciones de la Cruz de Caravaca, que van desde las más sencillas hasta verdaderas obras de arte y orfebrería realizadas en oro y piedras preciosas. Es destacable el "Mercadillo Artesanal La Corredera" que se ubica en la plaza de San Juan de la Cruz y tiene lugar los terceros domingos de cada mes entre las 10'00 y las 14'00 horas. Otro punto importante lo representa la "Casa taller del Artesano", en la calle de las Monjas, junto al Museo de la Fiesta.

Otros lugares recomendados para visitar lo son el Museo Etnográfico en Miniatura "ángel Reinón" en la calle Puentecilla. Reúne más de 400 piezas exclusivas en miniatura, de una gran perfección formal, realizadas en hierro y madera. El Museo de Música étnica, ubicado en la Pedanía de Barranda, alberga una de las colecciones más importantes del mundo de instrumentos musicales, contiene instrumentos artesanos de los cinco continentes, fabricados, en la mayoría de los casos, por los propios instrumentistas.

Arquitectura religiosa
El edificio religioso más importante de Caravaca, por muchos motivos, lo constituye el Alcázar-Santuario de la Santísima y Vera Cruz. En él encontramos dos partes bien diferenciadas, el recinto amurallado y el santuario propiamente dicho. De origen presumiblemente islámico -siglos X y XI- ha ido experimentando numerosos cambios y transformaciones. Las murallas, levantadas en el s.XIII se han visto remozadas en numerosas ocasiones hasta llegar a su estado actual, en el que se encuentran insertados en ella hasta catorce torreones, de distinta forma y porte. La fortaleza, como ya hemos dicho, perteneció a la Orden del Temple y posteriormente a la de Santiago. En el corazón de la primitiva fortaleza, se edificó entre el 16 de julio de 1617 y el 3 de mayo de 1703 el Santuario de la Vera Cruz, en el que destaca especialmente la espléndida fachada barroca, añadida con posterioridad -s.XVIII. y realizada con mármoles de la zona. El conjunto, de estilo renacentista español o herreriano, fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en el 1944. El Alcázar fue elemento militar en la Guerra de Sucesión -1700/1713- y en la de la Independencia, llegando incluso a ser prisión durante la Guerra Civil -1936/1939-.

La Iglesia Parroquial de El Salvador, es sin duda, una muestra especial del renacimiento murciano, representa una joya de la arquitectura religiosa. Fue construida entre los siglos XVI y XVIII y se encuentra, lamentablemente inconclusa, es de planta salón y cuenta con tres naves que descansan sobre anchos muros y sobre cuatro columnas nervadas de estilo jónico con casi dos metros de diámetro cada una de ellas. Alrededor de las tres naves están dispuestas siete capillas, costeadas por las familias nobles de la localidad, en las que en algunas de ellas pueden observarse magníficas rejas. En El Salvador hay que destacar igualmente el retablo de su Altar Mayor, obra de José Sáez y procedente de la desamortizada iglesia de los jesuitas. Esta iglesia de El Salvador fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional en el año 1983.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, es una iglesia fortificada, levantada en el siglo XVI y que en tiempos, fue la primera parroquia de Caravaca. En la actualidad alberga al Museo Arqueológico, que expone piezas que abarcan desde el paleolítico hasta el Edad Media.

La Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción es un magnífico ejemplo de arquitectura religiosa popular. Fue edificada en el siglo XVI sobre una antigua iglesia propiedad de la Cofradía Hospitalaria de San Juan de Letrán que estaba destinada a atender a enfermos y moribundos. En ella destaca el artesonado mudéjar de su interior. En la hornacina central del retablo mayor sobresale la Purísima, obra de Francisco Fernández Caro. Otro elemento importante de la iglesia lo constituye la llamada Torre de los Pastores, de cuatro cuerpos, los tres primeros de sillería y el último, de ladrillo macizo.

Fundado por San Juan de la Cruz, el Convento y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, disfrutan igualmente de un papel especial en Caravaca. La iglesia, edificada en el XVII, se levantó siguiendo los planos de Fray Alberto de la Madre de Dios.

Otros edificios religiosos de Caravaca a los que hay que mencionar son el Monasterio e Iglesia de Santa Clara, del s.XVI. La Iglesia de la Compañía de Jesús, posiblemente la de mayor superficie construida de toda la localidad, esta sufrió la desamortización de Mendizábal y pasó a manos de particulares; actualmente es propiedad municipal. La Ermita de Santa Elena, una pequeña iglesia de una sola nave, construida en el s.XVIII. La Ermita de San Sebastián, en la actualidad es la sede de la Agrupación Musical "Caravaca de la Cruz". La Ermita de la Reja, del s.XVII y de planta rectangular, es una de las pocas existentes de las 14 que hubo señalando el Vía Crucis. El Monasterio e Iglesia de San José, fundado por Santa Teresa de Jesús en el año 1576, es de reducidas dimensiones, pero de una gran belleza en su interior.

Ya para acabar, hay que mencionar al Templete, edificio de estilo barroco y planta hexagonal acomodado dentro de una circunferencia. Su construcción está dividida en cuatro cuerpos, el podium, el cuerpo principal, la cúpula y la linterna. Su construcción se inició en 1762 y se concluyó en 1801. Este edificio es conocido popularmente como "El Bañadero", por el acto ritual que cada 3 de mayo se realiza en él desde el año 1384 y que consiste en la introducción de la Vera Cruz en las aguas de las acequias que hasta él llegan, bendiciendo de este modo las aguas que regarán los campos y cultivos de la población. Este ritual se considera la génesis de la fiesta que en la primera semana del mes de mayo se celebra en honor de la Santísima y Vera Cruz.

Arquitectura Civil
Ya propiamente dentro de la arquitectura civil, el edificio del ayuntamiento es uno de los más representativos. De estilo barroco fue acordada su construcción en 1737, obra de Jaime Bort, experimentó diversas modificaciones abordadas por fray Juan de Santa Teresa y por Juan García Galán, siendo finalmente el maestro de obras caravaqueño Antonio del Campo quien ejecutó sus obras, finalizando su construcción en 1762 y la primera sesión del mismo se celebró el 3 de enero de 1763. El edificio ha experimentado recientemente una profunda rehabilitación que lo ha convertido en un centro público de interior moderno y funcional.

El "Torreón de los Templarios" alberga en la actualidad al Centro de Visitantes y al Centro de Interpretación de la Naturaleza. Está situado en las Fuentes del Marqués y es una edificación del Siglo XVI, muy probablemente erigida sobre una anterior de origen templario, de ahí su actual nombre.

La Plaza de Toros está edificada sobre lo que fue el antiguo convento franciscano de Santa María de Gracia. Su inauguración oficial se produjo en el 1880 y en el año 1926 experimentó una amplia remodelación añadiéndosele entonces su esplendida fachada de estilo neomudéjar. La última rehabilitación de Plaza se realizó entre los años 1995 y 1999 quedando como el magnífico edificio que es hoy.


La ciudad de la Cruz
La Cruz de Caravaca ha marcado de modo indeleble la historia de ésta ciudad y le ha conferido la mayor dignidad dentro de la religión católica. Caravaca de la Cruz es uno de los cinco Lugares Santos que existen en el mundo, privilegio que comparte con Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana.

Caravaca es una ciudad pequeña, que invita al paseo y que en casi todos sus rincones tiene patente la espiritualidad que ser poseedora de un símbolo de tanta importancia como la Santísima y Vera Cruz de Caravaca le ha ido proporcionando a lo largo de los siglos. Conventos, Iglesias, Ermitas y Monasterios salpican el plano urbano de la Villa, y los turistas y visitantes, religiosos, espirituales o simples curiosos le confieren un ambiente festivo y cosmopolita.

La Cruz de Caravaca
Partiendo de la premisa de que es mucho más que un símbolo religioso, pues representa la fe y la devoción de todo un pueblo por la que siente una gran veneración, vamos a contar de un modo algo general las características de la misma, así como la leyenda que la rodea.

La Santísima y Vera Cruz de Caravaca es una cruz formada con un doble brazo, lo que le supone un origen oriental y patriarcal. Cuenta la leyenda que esta cruz perteneció al patriarca Roberto de Jerusalén, primer obispo de la ciudad tras su conquista a los musulmanes en el 1099 durante la primera cruzada.

Esta Cruz es un "Lignum Crucis" lo que significa que el relicario contiene en su interior un trozo de madera de la cruz en la que fue crucificado Jesucristo. Desde antaño ha sido reconocida por la Iglesia Católica como "Vera Cruz" otorgándoseles bulas e indulgencias a los peregrinos que hasta el Santuario acudían a adorarla. La Iglesia le otorgó en 1794 el Culto de Latría, equivalente al culto que recibe el Santísimo Sacramento, de modo que estamos hablando de un elemento religioso de primer orden.

El Aparecimiento
Ya se ha mencionado someramente en el cuerpo principal de este reportaje, que la leyenda sitúa la aparición de la Cruz un día 3 de mayo de 1232. En esas fechas el Sayid Almohade de Valencia se encontraba en Caravaca, tierras bajo su dominio, realizando una visita de inspección a sus cautivos estaba preguntando a cada uno cual era su profesión, llegando a uno de ellos, de nombre Ginés Pérez Chirinos, natural de Cuenca, éste le respondió que su oficio era religioso y entre otras cosas, debía decir misa. La curiosidad del Sayid le hizo pedir que oficiara una misa, para ver como era esta liturgia cristiana. El sacerdote se avino a complacerle y preparó todo para oficiar una misa, con el Sayid y su corte como espectadores. Comenzado el oficio, el cura lo interrumpió y manifestó que no disponía de ningún crucifijo en el Altar, por lo cual no podía continuar. En ese preciso instante, dos ángeles entraron por una ventana circular que aún se conserva en el Santuario y portando la Cruz la depositaron en el Altar. Ante este hecho milagroso y singular, la leyenda continúa afirmando que tanto el Sayid como todos los suyos se convirtieron al cristianismo.

Años después, los Caballeros Templarios se instalaron en Caravaca y reconocieron en la Cruz, a la que tenía en su poder el descendiente del Patriarca Roberto de Jerusalén y que misteriosamente había desaparecido de su pecho unos años antes.

Si ya era grande la fe que se le profesaba a la Vera Cruz, mucho mayor lo fue desde ese momento y que trascendió mucho más allá de los limites geográficos locales, convirtiéndose Caravaca en un punto neurálgico de referencia religiosa, experimentando su máximo esplendor en los siglos XVI, XVII y XVIII. Esta fe propició verdaderas corrientes de peregrinos desde todos los puntos de la geografía española.

La implantación en la localidad de numerosas órdenes religiosas, hicieron además, que el conocimiento y el culto a la Vera Cruz se extendiese por todos los países bajo su influencia, desde iberoamérica hasta Filipinas

En el año 1981, coincidiendo con el 750 aniversario de la aparición de la Cruz, le fue concedido a Caravaca un Año Jubilar, quizás el primero de su historia, y posteriormente otro, otorgado en el año 1996, que atrajo hasta la localidad a más de 700.000 peregrinos. Poco después, en febrero de 1998, el Papa Juan Pablo II le otorgó el privilegio del Año Jubilar Perpetuo en torno a la Patrona de la ciudad, la Santísima y Vera Cruz de Caravaca. Este privilegio convirtió a Caravaca en el quinto Lugar Santo en el mundo, como ya dijimos al principio de este escrito, siendo el año 2003 el primero en que se celebró el Año Santo y celebrándose el próximo en el 2010.

Algo más que la Cruz de Caravaca
Claro que Caravaca es mucho más que una ciudad unida a su Cruz. Sus Ferias y Fiestas, los Parajes Naturales y la rica Gastronomía, aportan a la ciudad un carácter variopinto y festivo. Las fiestas mas importantes de la ciudad se celebran en Honor de la Santísima y Vera Cruz; declaradas de Interés Turístico Nacional se celebran del 30 de abril al 5 de mayo y conmemoran hechos ocurridos durante la época de la frontera. El día 2 de mayo se rememora la aparición de la Reliquia y se oficia una misa en el Templete. Este día además es el único en el que los Caballos del Vino salen a la calle. Festejo único en el mundo, en un principio la finalidad era que los caballos subiesen el vino al Santuario para ser bendecido. Con el paso del tiempo, los odres de vino fueron sustituidos por lujosísimos mantos bordados a mano, verdaderas obras de arte. Esta singular fiesta incluye dos concursos diferenciados, la carrera de los caballos, en la cual suben a toda velocidad por las rampas del Santuario, con cuatro mozos sujetos a ellos y que deben correr, por lo tanto, a la misma velocidad que los equinos. El otro concurso es de el enjaezamiento o vestimenta de los caballos, concurso este en que se invierten auténticas fortunas. La tarde del misma día, aparecen las fiestas de moros y cristianos, quienes celebran un simulacro de combate y la Vera Cruz es bajada en procesión desde el Alcázar Santuario hasta la Iglesia de El Salvador. El día 3 continúan los festejos de Moros y Cristianos y la ceremonia del Baño de la Cruz en el Templete, para bendecir las aguas que riegan la huerta de Caravaca. El día 4 las fiestas se resumen en un espléndido desfile por las calles principales de la ciudad y el día 5, por último, se retoma un hondo sentido religioso y en una multitudinaria procesión, la Vera Cruz retorna al Alcázar Santuario donde permanecerá el resto del año.

La Fiesta de las Cuadrillas, declarada de Interés Turístico Regional se celebra en la pedanía de Barranda, y es un interesante festival de folklore tradicional. La Fiesta de la Exaltación de la Cruz se celebra el 14 de septiembre y es de carácter religioso. La Feria del Caballo tiene lugar en el mes de octubre, con exhibición y desfile de caballos, concurso de doma campera y de alta escuela y un Concurso Morfológico. La Semana Santa se celebra con diversos actos y procesiones de nazarenos, con la presencia en las calles del rico patrimonio de imaginería religiosa que se guarda en las iglesias.

La Gastronomía
La rica gastronomía del Noroeste murciano está ligada a los productos agrícolas y ganaderos de la zona. Destacan las migas, en todas sus modalidades, así como el arroz, sobre todo el de la cercana población de Calasparra, especialmente el que tiene como principal ingrediente las manos de cordero o ternera y los garbanzos. El cordero y el cerdo, así como los embutidos son de una gran calidad. Como platos más tradicionales podemos nombrar a la "Tartera", compuesta de carne al horno con patatas; El "Empedrao" a base de arroz con bacalao y alubias blancas; Los "Andrajos", elaborados con harina, agua, aceite, espinacas, morcillas, ajo, pimentón, calabaza y azafrán; el "Ajopatata" y los Potajes. Pero es a la hora de los dulces donde la cocina caravaqueña logra una mayor definición y calidad, destacando las Yemas de Alfajor, que por su origen musulmán están compuestas de una masa de miel, pan rallado y frutos secos, colocado todo entre dos finas obleas. El alfajor es el dulce tradicional de las navidades en toda la comarca.

Dónde Dormir
Dentro de la ciudad destaca el Hotel Central, en la Gran Vía, 18 (968 70 70 55); el Hostal Caballos del Vino, en la carretera de Murcia, s/n. (968 70 22 19) y en los alrededores se encuentra el Hotel Rural Molino del Río, situado junto al río Argos, en el camino viejo de Archivel (968 43 33 81). También existe una numerosa variedad de Casas Rurales muy bien acondicionadas, como La Jimena, Villa Oñate o Vuelta del Carril, que cuentan con la "Q"  de Calidad Turística.

Dónde Comer
El Restaurante Las Fuentes del Marqués disfruta de una estupenda cocina regional, enclavado en el paraje natural del mismo nombre. Las carnes de caza y los arroces son sus especialidades. El Arco, situado en los bajos del Círculo Mercantil, en el centro histórico de la ciudad tiene su especialidad en las carnes y en la repostería de elaboración propia. Pedro Marín cuenta con una agradable decoración, una gran carta de vinos y especializado en la Cocina Regional y carnes a la parrilla, está situado cercano a la Gran Vía.




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