Pero volviendo al principio, la pequeña ciudad se fue formando alrededor del castillo: el
Ayuntamiento, la Casa de Pesos y Medidas, puestos de venta de mil mercaderías,
carnicerías, y casas. Las casa de los ricos comerciantes y artesanos, que al principio
fueron de madera, pero luego se hicieron de obra. También se levantaron dos cosas
menos agradables de ver; la picota que amenazó a los ciudadanos hasta el siglo XVIII y
una jaula de hierro donde metían a los delincuentes.
Varsovia, como todas las ciudades ricas, ha sido muy castigada a lo largo de su historia:
Ha padecido asedios, conquistas, incendios y repartos, unas veces eran suecos, otras
transilvanos, o los soldados napoleónicos, los rusos, los alemanes… Todos la querían, y
no vacilaban en destrozarla para hacerla suya. El golpe de gracia se lo dio la Segunda
Guerra Mundial, que la destruyó casi por completo. Pero sus gentes la han reconstruido
con gran paciencia y entusiasmo, respetando su primitiva arquitectura, y la hermosa ciudad
que es ahora, está llena de contrastes. Tranvías, autobuses y metros, facilitan el traslado
por sus calles, pero les aseguro, que lo mejor manera de conocerla, es caminar por ella.
Tener un encuentro con sus callecitas y avenidas, con sus palacios y rascacielos, con sus
iglesias y sinagogas. Pero es que además, aunque en invierno puede aparecer envuelta en
el blancor de la nieve, Varsovia es una ciudad verde. Parques, bellos jardines, placetas
ajardinadas, zonas verdes, hasta el techo de la nueva Biblioteca, muestra ese verdor vegetal.
No les digo mas, que el Parque Nacional Kenpinoski, es el único reconocido como
Reserva Mundial de Biosfera.
Verán, una les aconsejaría empezar por donde empezó todo, por el Castillo, dominando la
Plaza Vieja. El castillo albergó primero a los señores duques, y en el año 1526, se convirtió
en morada de los reyes polacos. Pero no fue solo la vivienda real, sino que allí se
aposentaban todos los poderes públicos, y fue escenario de acontecimientos muy
importantes. Vecina suya, es la estatua mas antigua de la ciudad, que mandó levantar
Ladislao IV, y representa a su padre, el rey Segismundo, que la convirtió en capital. Todo
este entorno, se remonta a los siglos XIV y XV, y está jalonada de casas del siglo XVII.
Por cierto, que en una de ellas, aparece la imagen del mítico Basilisco, ligado a viejas
leyendas. Durante siglos la plaza ha sido testigo de las diversiones de la época, ferias,
mercados y ejecuciones. Lo mismo que esa estatua que ven ahí, es la Sirena de Varsovia,
hermana de la de Copenhague, que según cuentan vino nadando desde las aguas del
Báltico, remontó el río Vístula, se enamoró de la ciudad y aquí se quedó. Debe ser verdad,
porque hasta aparece en el escudo de Varsovia.
Esta ciudad vieja se pierde en un entramado de románticas callecitas, salpicadas de plazas,
jardines, salones de te, cafetitos y pubs. Desde el castillo a la barbacana, late el corazón de
la ciudad, con sus músicos callejeros, vendedores que montan su tenderete en una esquina,
niños que corretean, viajeros que llegan de toda la rosa de los vientos. Por estos
contorno está también la placita que llaman la Canonjía, porque en ella estaban las casas
del los canónigos del siglo XVII, aunque antes fue cementerio, tiene una curiosa forma
triangular, y en el centro una campana de bronce que perteneció a los jesuitas de Jasrosla.
En una de estas calles, se levanta majestuosa la gótica Archicatedral de San Juan Bautista,
que construyeron en el año 1339, y fue ampliada en el siglo XV. Es el templo mas antiguo
de Varsovia, y al principio fue parroquia, luego colegiata, después catedral y ahora basílica.
Príncipes, arzobispos y grandes personajes polacos, duermen el sueño eterno en su cripta.
Del mismo siglo es la iglesia de San Martín, que fundó el Príncipe de Mazowia: torre
gótica, cuerpo barroco, fue incendiada y restaurada después. Al lado, el convento de los
Agustinos, a quienes pertenece la iglesia. De mucho mas tarde, ya del XVI, es la
renacentista Iglesia de Santa María de la Piedad, una preciosa mezcla de gótico y barroco.
Se puede decir, que este caminar lo cierra la barbacana, del siglo XVI, reconstruida, claro,
también un pedazo de la muralla y la torre del Polvorín.
Pienso que lo próximo que debo contarles, es lo que llaman el Camino Real. Durante
siglos, se han levantado sobre él, ricas iglesias, palacios lujosos, bellos jardines, sedes de
varias embajadas, casas de los ricos polacos. Calles con nombres tan enrevesados que no
se los voy a decir, ya los aprenderán al ir recorriéndolas. Se van a quedar embobados con
la casa de los Prazmowski, del siglo XVII, en estilo rococó. Un siglo mas tarde
construyeron los Tyszkiewicz su majestuoso palacio, y del XIX, es el palacio de los
Uruski, que ahora alberga la Facultad de Geografía. De éste mismo siglo es el palacio que
ven ahí, el de Staszic, ahora sede de la Academia Polaca de la Ciencia, y ese señor que hay
delante, es nada menos que el celebre Nicolás Copérnico, nativo de esta ciudad. Mencion
aparte, merece el Castillo Ujazdowski, construido en ladrillo en el año 1624, y que
perteneció al rey Segismundo III y a su hijo Ladislao IV. Otro rey, Estanislao Augusto
Poniatowski, lo restauró y se lo regaló a la ciudad de Varsovia, desempeñando diversos
menesteres, ya que fue Hospital Militar, Escuela Sanitaria, y ahora Centro de Arte
Contemporáneo. Y hay algo que les va a parecer escapado de un libro de cuentos o de un
sueño, es el Palacio Real y los Jardines de Lazienki, o Baños Reales. Fue el capricho del
rey Stanislaw Lubomirski, allá por el siglo XVII, pero el que le dio el aspecto que ahora
tiene, fue Estanislao Augusto. Un maravilloso parque, mitad francés y mitad inglés, por el
que es una gozada perderse, y al fondo, la blancura del palacio real de verano, frente al lago
de los cisnes. Salpicando todo este vergel, el Gran Invernadero, la Casita Blanca, el
Anfiteatro, el Deposito de Aguas y otras muchas cosas.
También hay que visitar el palacio y parque de Wilanow, uno de los mejores monumentos
del barroco polaco, que fue construido por Juan III a finales del XVII. Solo por ver la
decoración de la fachada, aparte de su arquitectura muy original, vale la pena llegar hasta
él. Y el palacio presidencial, que se ha ampliado varias veces, y fue escenario de la firma
del Pacto de Varsovia y de otros tratados. Ahora es residencia del presidente polaco. O el
de los Czapsli, hoy Academia de Bellas Artes, es del siglo XVIII, pero se ha renovado
varias veces. Todavía conserva el salón de la familia Chopin, ya que esta fue la última casa
que habitaron. Y las iglesias, naturalmente, la de Santa Ana, del siglo XV, gótica pero con
un bellísimo campanario renacentista, era el convento de los monjes benedictinos. Del
XVII, es la de Santa María de la Asunción con su fachada clásica, la de San José, en
barroco tardío. Y también la de la Santa Cruz, que además de su valor artístico, tiene algo
muy interesante, y es que en uno de los pilares del templo, hay una urna que guarda el
corazón de Federico Chopin.
Hay que visitar la Universidad, que como tal, se remonta al año 1816, y ver edificios tan
importantes como la Nueva Bolsa o el Centro Bancario, la Asamblea y el Senado. Y otras
cosas la mar de interesantes. El Puente del Príncipe Jozef Poniatowski, de los primeros
años del siglo XX, con sus hermosas torres, o el Jardín Botánico, fundado en 1818, que es
propiedad de la Universidad, y que tienen una fabulosa colección de plantas. Y a cada paso
un monumento, que no se los enumero todos porque la mayoría son desconocidos para los
que no son del país. Pero no puedo dejar de recordar el dedicado a Chopin, o al famoso
Cardenal Wyszzynski, al que llamaron el Primado del Milenio. Y también la estatua de
Juan Pablo II, en la puerta de la Iglesia de Todos los Santos. Siempre que pasen ustedes
ante ella, verán las flores y luces, que depositan sus fieles.
Pues ha llegado el momento de conocer la Ciudad Nueva, bueno, lo de nueva es un decir,
porque se remonta al año 1408, y tuvo su propia Alcaldía hasta finales del XVIII. Como
los otros barrios, sus primeras casas eran de madera, hasta que con el correr del tiempo, se
hicieron de obra. De madera fue su Iglesia del Espíritu Santo, edificada en el siglo XIV
junto con el Hospital. La destruyeron los suecos, y se volvió a edificar en el XVIII, en
estilo barroco. Del siglo XV, es la gótica de Santa María de la Visitación, que conserva su
campanario del XVI. Más nueva, del siglo XVII, es la de San Jacinto, que pagaron de sus
bolsillos los ciudadanos de Varsovia, y la de San Francisco, o la de san Casimiro. Y
también de ese siglo, es la iglesia de Nuestra Señora Reina de Polonia, levantada por
Ladislao IV para convento de los Escolapios, y que es la Catedral Castrense del Ejercito
Polaco. También en esta parte de la ciudad, se levantan hermosos palacios como
el Sapieha, el de los Raczynski, que aposenta el Archivo de Actas Antiguas, o el Krasinski,
uno de los mayores palacios de Varsovia, propiedad de la Republica, Albergó sedes
administrativas y del Tesoro y también el Palacio de Justicia, ahora, guarda las colecciones
especiales de la Biblioteca.
Hay lugares en Varsovia, tan íntimamente ligados al transcurrir de su historia, que no
pueden dejar de ver. Está la Tumba del Soldado Desconocido y el Monumento a la
Insurrección: el cementerio Powazki de 1719, que realizó el arquitecto de la Corte del rey
Estanislao Augusto Poniatowskiel, y donde están enterrados los padres de Chopin. El
Palacio de la Cultura y la Ciencia, que dicen que es el edificio mas alto del pais con sus
235 metros, ocupa el lugar donde estuvo el orfanato judío. La Opera, construida en estilo
neoclásico en el año 1825, fue destruida, incendiada, y reconstruida, y presume de ser
uno de los teatros mas grandes y modernos de Europa. El Arsenal, de estilo barroco, tiene
un patio interior bellísimo, y ahora alberga al Museo Arqueológico. La Antigua Biblioteca
ocupa un bello palacete neorrenacentista, que contrasta con las líneas modernas de la
Nueva.
El Monumento del Holocausto, muy ligado al pueblo judío que tanta importancia tuvo en
Polonia. El ghetto desapareció por completo en la guerra, pero como el resto de la ciudad,
se recupera lentamente. Es interesante el Cementerio Judío, de 1806, en el que todavía se
conservan numerosas tumbas, porque junto a respetados rabinos, hay escritores, actrices,
políticos... Es uno de los pocos que quedan en Polonia, y en él reposan personas que
tuvieron una gran importancia en la cultura judía. La sinagoga Nozyk, la única que se
mantuvo en pie durante la guerra, fue en un principio una casa de oración privada,
propiedad de la familia Nozyk, que después la cedió a la Comunidad Hebrea. de Varsovia.
La hicieron en el siglo XIX, y durante la guerra se utilizó como establo, pero fue restaurada
por completo añadiéndole un ala. La Unschalagplatz, de tan dramáticos recuerdos para el
pueblo hebreo, ya que desde aquí se deportaba a los judíos del ghetto hacia el campo de
exterminio de Treblinka, y ahí esta el Monumento que da fe de ello. También el de los
Héroes del Ghetto, el Instituto Histórico, o el Teatro Esther Raquel Kaminska.
Y el Barrio de Praga, la parte mas antigua a la derecha del río Vístula. Se dice que se
asienta sobre una vieja aldea que ya aparecía en antiguos papeles del año 1432, y de la que
tomó el nombre. En sus comienzos, fue un poblado independiente que se unió por fin a
Varsovia en el siglo XVIII. Ahora dominio de artistas que se han aposentado en él con sus
galerías, teatros, centros culturales… Se salvó de la destrucción durante la guerra, pero en
algunos lugares está bastante deteriorado, aunque varias calles conservan su antiguo
empedrado, casas, balcones y farolas, que le dan un cierto encanto bohemio y romántico.
Vecino de este barrio, es el famoso Mercado Rocyzki, y además se va a encontrar
Warszrkie Zoo, el Zoológico que es una de las principales atracciones de la ciudad, y que
alberga mas de quinientas especies.
Praga es también la Catedral de San Miguel Arcángel y San Florián, del siglo XIX, que
aunque fue totalmente destruido, cuando se reconstruyó se usaron ladrillos fabricados en
ese siglo. También esta la Basílica del Sagrado Corazón, que es uno de los templos mas
ricos. Edificado en los años veinte del pasado siglo, tiene unos bellísimos frescos
bizantinos, y ha tenido diversos menesteres, en la guerra daban en sus sótanos clases
clandestinas, y se escondían gentes buscadas por los ocupantes, ahora es comedor de
Cáritas. Y hay que pasar por la calle Zabkowska, donde todavía se pueden ver varias casas
de vecinos del siglo XIX, viejas destilerías, y antiguas casas de oración judías. Y
compadreando con ellas, el preciosismo de la iglesia ortodoxa de Santa María Magdalena
del siglo XIX, y que es la Catedral de la Iglesia Ortodoxa de Varsovia.
Bueno, y está la otra Varsovia, la de los edificios modernos, como la original Biblioteca
Universitaria, que antes les mentaba. El Warsaw Trade Tower, el Hotel Westin, el
rascacielos de Daewoo, el Hotel Intercontinental, el rascacielos Celeste, en el mismo lugar
donde se encontraba la Gran Sinagoga, el Centro Comercial Zlote Taray, o el
Metropolitan, que diseñó Norman Foster. Y museos, mas de sesenta. Claro que no les va a
dar tiempo de verlos todos, pero no pueden perderse el Museo Histórico de Varsovia, en
la ciudad vieja, el Nacional, el del Ejercito, el de Caza y Equitación, o el de la celebre
científica Marie Curie.
Ustedes también querrán saber que manteles se van a encontrar. Pues la mar de
contundentes, no hay que olvidar que es un país de fríos, pero es que pasaron gentes tan
distintas por su suelo, que han ido dejando parte de sus condumios. Una mezcla de cocina
eslava, alemana, judía, turca… lo que permite unos manteles realmente apetitosos. Tienen
un buen queso, platos de carne con especias, dulces… En fin, que van a comer como
reyes.