Pequeñita, llena de rincones evocadores, moja sus piedras en las aguas del río Doube, en
el cantón del Jura. El tiempo parece haberse detenido en ella, su pasado se refleja en las
calles empedradas, en las casas burguesas de los siglos XIV y el XVI, y entrar en ella,
es como abrir el libro de una conseja antigua.
Desde el otro lado del río ofrece la misma estampa que hace siglos, vengan si quieren, y
se la enseñaré. Hay que atravesar este puente de piedra con cuatro arcos que hicieron en
el 1719, aunque antes había uno de madera. Se llama de Saint Jean Nepomuceno, y esa
imagen que aparece erguida en la balaustrada, es la del santo; es una copia, porque la
original, del siglo XII, está guardada en el museo. Para entrar en la ciudad atravesamos
la puerta al final del puente, con su torrecilla gótica adosada al oeste. Es la de Saint-
Jean, una puerta defensiva muy antigua que se reconstruyó a finales del XVII.
La ciudad tiene otras dos puertas, la de Saint Pierre, que se apoya sobre los cimientos
más antiguos de la ciudad, y fue reconstruida en el año 1551. Pero le cambiaron la cara
en el XVII, y se restauró en el siglo pasado. Su techo altísimo, tiene tragaluces
octogonales coronando una torrecilla, y como todo lo importante del lugar, lleva las
armas del Príncipe obispo Jean-Conrad de Roggenbach. Y está la puerta de Saint Paul,
que ya se mentaba en escritos de 1296, y que fue reconstruida en 1664 y 1957. Tiene el
típico tejado a cuatro aguas, muy alto, y como en las otras, están las armas de la villa y
del mentado Príncipe-obispo, al lado del campanario. También hay una imagen de
Saint-Ursanne que se instaló en el año1711.
Uno de los mayores tesoros de Sain-Ursanne, es la hermosa Colegiata, que ahora están
reparando, y que se remonta al siglo XII. Es de estilo borgoñón, a caballo entre los
finales del románico y los albores del gótico. Tiene cuatro capillas, tres del siglo XIV, y
una cuarta, de finales del XV, dedicada a Santa Ana, y cerrada por una reja semejante a
la del coro. Debajo de éste, está la cripta, también del siglo XII, que fue construida para
guardar el sarcófago de Saint Ursanne, que ahora se encuentra debajo del altar mayor.
El Claustro es muy hermoso se reconstruyo en 1389 para agrandar el otro que ya existía,
pero lo han restaurado varias veces, respetando siempre las arcadas ojivales, y las
galerías cubiertas.
Al fondo del claustro, se encuentra la vieja ermita de Saint-Pierre, que aunque la
derribaron en el año 1898, la volvieron a levantar un siglo después. En ella se alberga
ahora un museo, que posee una interesante colección de sarcófagos de piedra
merovingios y carolingios, y un montón de elementos de arquitectura y escultura,
procedentes de viejas edificaciones de la villa.
Les hablaba antes de las casonas de siglos pasados. Bueno, pues está la Maison de la
Dime, es decir, la Casa del Diezmo, algo con un menester muy importante, porque
como su nombre indica, era el lugar donde se recogían los diezmos que antiguamente se
pagaba a la iglesia. Es un sólido edificio del siglo XVI, que ha sido restaurado en dos
ocasiones. De ese mismo siglo XV, es el majestuoso Hotel de Ville, con tres plantas, y
que ha servido para varios menesteres, entre ellos el de mercado cubierto. La planta
baja esta sostenida por arcadas que guardan un delicioso sabor medieval. Y seguimos
las huellas del siglo XV, porque la Maison des Oeuvres, es de ese siglo, aunque sus
obras se alargaron hasta el XVI. En realidad, son dos cuerpos, dos edificios. Uno de
ellos adornado con ventanas góticas y una torrecita con escalera, la techumbre ha sido
restaurada. El segundo edificio tiene una magnífica marquesina rectangular y ventanas
en gótico tardío.
Y no pueden dejar de ver la Maison de la Fondation Bechaux que durante años fue
residencia de los ricos canónigos de la villa, y después se convirtió en hospicio para
niños. Lo mas seguro es que el edificio fuera reconstruido después del terrible incendio
que arrasó la villa en 1558, lo que si es seguro que el interior se modernizó y se arregló
en el siglo pasado, para atender a las necesidades de sus propietarios.
Teniendo en cuenta su carácter medieval, no es raro que en Saint Ursanne abunden las
fuentes, tan necesarias para proveer de agua a los vecinos. Algunas de ellas son
bellísimas, y en casi todas aparecen las iniciales de los artesanos que las hicieron. Está
la Fuente de Mayo, de 1559, y que desde su placita domina la Colegiata y el Hotel de
Ville. Tiene forma octogonal, y rematándola, una estatua de Saint Ursanne de finales del
siglo XVII. Y la Fuente de la Rouelle, o de la Callejuela, una vieja fuente pública en la
que aparecen grabadas las iniciales TQ y NB, una supone que de los canteros que la
hicieron. Según la fecha, también grabada, en 1667, y la Fuente de la Rue Basse, de
1577.
Saliendo por una puerta del siglo XVII, en estilo renacimiento rematada con un frontón,
y después de subir doscientos escalones, se llega hasta la Ermita y Capilla de Saint
Ursanne, que se apoya sobre las rocas, al lado de la gruta donde vivió el santo. La
capilla se reconstruyó en el año 1621, en estilo gótico tardío.
Bueno, en los alrededores, a la salida de Saint-Ursanne pueden ver la Capilla de Loreto,
del siglo XVIII, la iglesita de Saint Valbert, con unas preciosas vidrieras, el Molino de
Souby de 1565, que es monumento histórico, y una antigua mina de piedra caliza, que
ahora se usa para menesteres culturales, en la que todavía se puede ver la antigua
chimenea de la fábrica.