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Aventura
   
 
Las Islas Galápagos, de la Creación a la Evolución

José Bañuls

Las Islas Galápagos siempre han tenido en mi memoria, asociada junto a ellas, la
palabra paraíso. Efectivamente, cuando después de muchos años conseguí, al fin,
visitarlas, confirmaron mi esperada y ansiada llegada al paraíso. Pero el paraíso tiene
diversas caras y el de las Islas Galápagos es el paraíso de los naturalistas, de los
fotógrafos y de los apasionados de la vida natural en su estado más puro.

Las Las Las

Las autoridades de Ecuador, país al que pertenecen estas Islas, y las propias autoridades 
locales, se empeñan en defender su estado natural con todos los medios a su 
disposición, que no son muchos, y quizás sea una cuestión a la que debamos contribuir 
un poco todos nosotros. El deseo de unir a las Islas Galápagos con el paraíso, ya lo 
manifiestan los responsables del aeropuerto de la Isla de San Cristóbal, capital 
administrativa del archipiélago de las Galápagos, que en una de las paredes del étnico 
barracón que hace las veces de terminal aeroportuaria tienen escrito "San Cristóbal, 
puerta del paraíso. Demostremos que es verdad".

Mi llegada al paraíso de las Galápagos se produjo, como ya habrán adivinado, por el 
aeropuerto de San Cristóbal. Un poco de aglomeración en la "terminal" pues el otro 
aeropuerto del archipiélago, situado en la Isla de Baltra, se encontraba cerrado por 
obras, pues al parecer, por uno u otro motivo, siempre hay alguno de los dos 
aeropuertos de las Galápagos, en interminables obras. Tras unos ligeros trámites con 
pasaporte incluido y el pago de 100 dólares USA por entrar al Parque Nacional, que eso 
sí es una ecotasa y no lo de las Islas Baleares, partí en un vehículo "pick up", rumbo a la 
localidad de Puerto Baquerizo Moreno, único enclave habitado de la Isla, que en su 
conjunto cuenta con algo más de 7.000 habitantes.

Al contrario que la práctica totalidad de turistas que llegaron en el mismo vuelo de 
AeroGal que yo, y que se embarcaron en pequeñas lanchas-taxi que los transbordaron a 
los yates-crucero que serían su alojamiento durante los siguientes 5, 6 ó 7 días, yo me 
alojé en el Hotel Miconia, de Puerto Baquerizo Moreno, pues preferí la opción de 
conocer más en profundidad una isla y los islotes cercanos, que visitar de modo muy 
superficial, varias de las 13 islas que componen el archipiélago de Galápagos, sobre 
todo y lamentablemente, porque mi estancia no podía ser mayor de 4 días.

La Galapaguera de Cerro Colorado
El primer lugar al que nos dirigimos fue, transitando por el único camino que tiene la 
isla, a la Galapaguera de Cerro Colorado, reserva natural en la que en una 
semicautividad se encuentran alrededor de cuarenta galápagos, con los que se espera 
mantener y a ser posible recuperar, la diezmada población de galápagos de la Isla de 
San Cristóbal. Mucho más lejos, y sin camino transitable para llegar a ella, se encuentra 
otra galapaguera natural, en la que los quelonios viven en total libertad, lejos del ser 
humano.

Después de visitar el Centro de Interpretación, construido con fondos de la Cooperación 
Española y con las pertinentes explicaciones del guía, y tener la fortuna de poder ver a 
varios de estos esquivos y tímidos reptiles, regresamos sobre nuestros pasos y nos 
dirigimos de nuevo a Puerto Baquerizo Moreno, donde la sorpresa fue mayúscula al 
encontrar en la misma playa del pueblo a una gran colonia de "Lobos Marinos" que 
retozaban al sol del atardecer, y que al acercarse cualquier curioso, respondían con 
estruendosos sonidos, mezcla de ladrido y rugido, que cuando además, enseñaban sus 
afilados dientes, te hacían pensar que era mejor guardar una cierta distancia de 
"seguridad", ya que no han sido pocos los desprevenidos que han sentido en sus carnes 
la mordedura de un macho celoso por sus hembras.

Y en estas estaba cuando llegó la noche y el momento de reponer fuerzas con una frugal 
cena en el restaurante Calipso, a escasos cien metros de la playa y de los omnipresentes 
Lobos Marinos. Una cena a base de fritura de pescado y una cerveza -1/2 litro el 
botellín- y llegó la hora de dormir, pues a las 7 de la mañana partíamos a bordo de una 
pequeña lancha, a visitar la Isla de Lobos, -el mismo nombre, pero a miles de 
kilómetros de Fuerteventura- el islote del León Dormido y la playa del Cerro Brujo.

Navegando
A las seis de la mañana, el sol hace rato que pugna por abrirse paso entre un cielo 
brumoso. Hace frío, poco más de veinte grados. A las 6´30 un suculento desayuno tras 
un baño gélido en la piscina y a las 7´00 en el embarcadero donde ya espera mi guía y 
responsable municipal de turismo, Miguel Mosquera, antiguo capitán de la Fuerza 
Aérea de Ecuador y hombre curtido en mil avatares, aunque la de Guía Turístico no era 
precisamente su especialidad.

La primera escala fue en la Isla de Lobos, donde transitando por un camino -es un decir- 
de cortante roca volcánica, encontramos la recompensa de varios nidos de Fragatas. 
Estas grandes e imponentes aves, son fácilmente reconocibles por la peculiar forma en 
doble uve de sus alas. Los numerosos nidos con sus polluelos permitieron disfrutar de 
una magnífica sesión fotográfica. Seguimos por ese camino y encontramos una gran 
colonia de Lobos Marinos. Un poco más adelante Pelícanos y Piqueros de Patas Azules 
y al final del sendero, una gran cantidad de Iguanas Marinas que calentaban sus cuerpos 
al sol ecuatorial, que ya mediada la mañana, dejaba sentir su calor. De nuevo 
embarcamos y a todo maquina, -Motor Fueraborda de 250 CV y 10 metros de eslora por 
2 de manga, casi un torpedo, vamos- nos dirigimos hacia el Islote del León Dormido. 
¡Espectacular! En realidad dos islotes separados por un tajo, paredes verticales de más 
de 80 metros de altura y multitud de aves aferradas a sus escarpaduras. En el mar: 
tortugas, peces globo, pelícanos, piqueros y… tiburones martillo. Como no me mostré 
muy dispuesto a darme un baño, el patrón del barco, cuando menos, atrevido, cruzó por 
una caverna natural en plena roca y partimos, otra vez a toda maquina, -para lo único 
que tienen prisa los habitantes de las Galápagos es para patronear sus barcas- hacia la 
playa del Cerro Brujo.

Y allí encontré otra esquina del Paraíso. La arena blanquísima contrastaba con las 
negras rocas volcánicas, y un mar del más bello verde esmeralda que nunca había visto 
marcaba una nítida línea del horizonte con el limpio cielo de un tremendo azul turquesa. 
La pureza de los colores de aquel paraje encontraban el contrapunto en la belleza de los 
Lobos Marinos, que lejos de cualquier contacto humano, se solazaban, ahora ya bajo un 
sol de justicia, solamente interrumpiendo su quietud para refrescarse en las frías aguas 
del Océano Pacífico. En la playa estaríamos a más de 35 grados centígrados, el agua del 
mar, apenas llegaría a los 17. Aún así, o quizás precisamente por ello, la experiencia de 
un frío baño, nadando rodeado de Lobos Marinos, que juegan empujando al bañista 
como si de uno de ellos se tratara, resulta especialmente inolvidable.

El Sol, pasado ya su cenit, empezaba a descender sobre el horizonte y era el momento 
de retornar a bordo y emprender el regreso a Puerto Baquerizo Moreno, del que nos 
encontrábamos a más de dos horas de navegación, tiempo que sirvió para "recopilar" la 
información y la belleza natural que en este día inigualable había disfrutado navegando 
por las costas de la Isla de San Cristóbal, capital del Archipiélago de las Galápagos.

Durante el resto del tiempo pasado en las Islas, tuve ocasión de visitar la hacienda "El 
Cafetal" dedicada como su nombre indica a la explotación de un exquisito café; un 
escondido complejo turístico ocupado casi al cien por cien por canadienses; un paraje 
lleno de iguanas terrestres y algo que resultó muy enriquecedor, convivir con la 
población y comprobar sus tímidas esperanzas de que el turismo mejore sus precarias 
condiciones de vida.

Un turismo en la encrucijada
La hostelería local de San Cristóbal, aún haciendo grandes esfuerzos -según me decía 
Miguel Mosquera-, se encuentra muy lejos de ofrecer unos niveles de calidad 
medianamente altos, pues todas las instalaciones que tuve ocasión de visitar, cumplían a 
duras penas con los niveles de un par de estrellas de la hostelería española. En 
consonancia, los precios resultan muy bajos, pues un desayuno frente al océano, como 
el disfrutado en el Bar Restaurante Rosita, con café, leche, zumo de naranja natural, 
bollería, mantequilla, huevos revueltos y postre de frutas, apenas llegaba a un par de 
dólares USA.

Esta inadecuada oferta turística, es la consecuencia y el motivo por el que de los 
aproximadamente doscientos turistas que llegamos en el vuelo de AeroGal que procedía 
de Quito y Guayaquil, no fuimos más de diez los que elegimos Puerto Baquerizo 
Moreno como lugar de residencia. Resultado: Las autoridades turísticas y la población, 
ven transitar a los turistas por los dos kilómetros escasos de carretera que separan al 
aeropuerto del muelle del pueblo, donde embarcan y no dejan ninguno de sus 
apetecibles dólares en el comercio o la hostelería local, pues además, la mayoría de 
yates-crucero no son de propiedad ecuatoriana, y desde luego, ninguno de sus 
propietarios es oriundo o residente en las Islas Galápagos. Estos solamente poseen las 
pequeñas lanchas para excursiones a los islotes o playas cercanas, de modo que la 
riqueza que genera el turismo, deja indiferente, cuando no molesto, al grueso de la 
población, que no ve en el turismo una fuente de ingresos viable.

Y es que la alternativa de pasar una semana en un yate de lujo, como el "Isabela II", el 
"Santa Cruz" o el "Guantanamera", visitando la mayoría de las islas, desembarcando y 
volviendo a embarcar con total comodidad, con un esmerado servicio de pensión 
completa a bordo, en camarotes dobles con baño privado… y todo ello por precios que 
oscilan entre los 600 y los 1.500 dólares USA son una irresistible competencia para la 
escasa oferta turística isleña. Por el bien del archipiélago y de sus habitantes, es 
deseable que se encuentre una solución.

Datos de Interés:
El Archipiélago de las Galápagos está compuesto por 13 islas principales y multitud de 
islotes. La Isla de San Cristóbal es la capital administrativa del archipiélago y la de 
Santa Cruz es la que tiene mayor población, y junto a las islas de Isabela y Floreana son 
las que disponen de caminos abiertos al tránsito y los principales núcleos de población.

Como llegar:
A las Galápagos se llega en avión, con vuelos operados por las compañías Tame y 
AeroGal que unen a Quito y Guayaquil con los dos aeropuertos del archipiélago 
situados en las islas de Baltra y San Cristobal. El precio del billete es de alrededor de 
300 $ USA.

Donde alojarse:
La oferta alojativa es escasa en todos los casos, siendo Puerto Ayora en la Isla de Santa 
Cruz donde se dispone de una mayor oferta. Destacan los hoteles Finch, Galápagos y 
Silberstein, con precios que llegan a los 200 $ USA por persona y día si se incluyen 
excursiones. En San Cristóbal destacan los hoteles Miconia y Mar Azul, menos de 70 $ 
USA al día la habitación doble. 

Donde comer:
También escasa es la oferta gastronómica de las Islas, con pequeños restaurantes de 
cocina tradicional, con platos como el ceviche de pescado o camarones, las frituras de 
pescado o el plato típico de "pescado a lo macho" del restaurante La Playa, en San 
Cristobal.

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