Buenas uvas de Monastrell en su mayoría, la favorita de la Murcia vinatera, que compadrea hoy con Cabernet Sauvignon, Syrah, Tempranillo, Merlot y Garnacha. El suelo calizo es pobre, con veranos tórridos, que amenguan un poco los calores, cuando el dorado septiembre refresca ligeramente las noches, haciendo madurar las uvas.
En esta tierra se levanta el palacio de los Marqueses de Pidal, una soberbia casona que se remonta a mediados del siglo XIX, en los sótanos se alberga la bodega, que viene elaborando vino desde tiempo inmemorial, primero para el uso de la casa, y luego para deleite de buenos bebedores. Fue el cuarto Marques de Pidal, don Luis Pidal y Fernández Hontoria, el que empezó a comercializar los vinos embotellados en los años cincuenta del pasado siglo. Primero fueron los rosados, pero ahora el abanico es mas amplio.
Las viñas reciben un cultivo ecológico que consigue cepas de gran calidad, unas cepas con mas de cuarenta años. Este cuidado tan especial a los viñedos, las vendimias a mano (empiezan a mediado de septiembre), el rápido transporte de las uvas hasta la bodega, en cestos, sin apretar que son cosa delicada. En estos se tarda menos de dos horas, y luego el método tradicional de vinificación, hacen posible unos vinos superiores, llegando a los 500.000 litros de vino por campaña, divididos en cuatro tipos. Los Rosados, 100% Monastrell, con un color rojo cereza precioso, brillante, limpio. Aroma fresco, afrutado, con recuerdo de frutos rojos, de fresas y frambuesas. En boca son alegres y vivos, con una acidez equilibrada.
Tinto joven, también Monastrell al 100%, de un rojo guinda, aromas afrutados con fondos florales y perfumados. Cálido en boca, suave y aterciopelado, con un final muy agradable.
En los Crianza, la Monastrell aparece en un 60% y el 40 restante es Cabernet Sauvignon. Color rojo cereza, con ribetes de teja, aromas de fruta madura, de madera, con toques de cacao y especias.
Y por fin el brut natural rosado, 100% Monastrell. Color rosa fresa, cristalino y brillante. En nariz regala sensaciones intensas, frescas y afrutadas, con aromas de fresas y fresones, de pétalos de rosa roja. Chispeante en boca, con sabores frutales de grosella, frambuesa y toques cítricos.
Si van ustedes por el Carrascalejo, no dejan de ver el Cristo, de rezarle si son devotos. Es de los Pidal, pero acoge a las gentes en una orilla de la carretera, y dicen que es milagrero.
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