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España
   
 
   
 
Barrio de Vegueta, corazón canario de América Latina

José Bañuls

Dicen las crónicas que corría el año de gracia de 1478 y concretamente fue en el día de San Juan, cuando un grupo de tropas castellanas, al mando de Juan Rejón, llegaron hasta un palmeral situado en la margen derecha del barranco de Guiniguada. Les pareció apropiado el lugar y instalaron allí su primer campamento, y desde él, organizaron la conquista de la isla para la corona de España.

Barrio Barrio Barrio

Ese primigenio campamento, con el tiempo se convirtió en el núcleo fundacional de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, capital de la provincia de Las Palmas, en la Isla de Gran Canaria, y su antigua ubicación estaría situada hoy día en la zona de la actual ermita de San Antonio Abad, en el barrio de Vegueta.

El centro cívico de la población se desplazó en muy poco tiempo hacia la zona de la Plaza de Santa Ana, lugar donde poco a poco se situaron los organismos políticos, administrativos y religiosos, que pronto vieron surgir a su alrededor una pujante ciudad, desarrollada especialmente, en aquella época, por el comercio de la caña de azúcar. La pujanza y riqueza de la pequeña urbe no tardó en atraer a piratas y corsarios y en octubre de 1595 la ciudad rechazó el ataque de una gran flota al mando de Francis Drake y John Hawkins. Posteriormente, en 1599, fueron los holandeses, al mando de Van der Does quienes protagonizaron el episodio más trágico de la ciudad, a la que saquearon e incendiaron.

Hubo que esperar a la segunda mitad del siglo XIX para que se iniciara el gran desarrollo de Las Palmas de Gran Canaria, con un núcleo poblacional nuevo que se va desarrollando alrededor del Puerto de la Luz y que convirtió en un corto periodo de tiempo, a la antigua ciudad provinciana en una urbe moderna, ya que el puerto revalorizó su situación estratégica en las rutas de navegación trasatlánticas.

De este modo los mayores cambios arquitectónicos y urbanísticos se produjeron fuera de lo que fue el primer núcleo de población, lo que ha permitido a Vegueta mantener su estructura urbana y sus principales edificios, tal y como estaban en los siglos XVI y XVII y hoy, pasear por sus plazas y calles es un privilegio y una experiencia maravillosa, donde el tiempo ofrece la sensación de discurrir a otra velocidad, y no sólo es la arquitectura, pues si bien disfrutar de edificaciones como la Casa de Colón, museo que abrió sus puertas en 1952 y que es de inexcusable visita, lo mismo que el Museo Canario, fundado en 1879. O la Casa Regental, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI y que cuenta con un hermoso patio en su interior y es uno de los edificios nobles que se conservan en la vieja Plaza Mayor de Las Palmas de Gran Canaria. O el Palacio de la Audiencia, sede actual del Palacio de Justicia, que se encuentra situado en el antiguo convento de San Agustín, construido en el año 1664, sobre una edificación más antigua, la ermita del Santo Cristo de la Vera Cruz, del año 1524. Lo mismo que la Ermita de San Antonio Abad, nombrada al principio, cuyo actual edificio fue levantado en la segunda mitad del siglo XVII, sobre el solar que dejó la primera parroquia de la capital en el siglo XV, en la que está documentado que oyó misa Cristóbal Colón durante una de sus estancias en la isla, antes de partir hacia el Nuevo Mundo, también es un placer disfrutar del mercadillo dominical de flores que se instala frente a la Iglesia de Santo Domingo, en la plaza de su mismo nombre, y dejar transcurrir la mañana escuchando música tradicional canaria y tomando un refresco o un rico helado, hablando con los parroquianos, que aquí, tienen un especial acento, y para quienes han viajado hasta la mayor de las Antillas, le salta la duda de si en La Habana se habla como en Vegueta, o en Vegueta como en La Habana. Otros lugares especiales para visitar en Vegueta son, la Iglesia de San Francisco de Asís, la Ermita de San Telmo y el Templete de la Plaza del Espíritu Santo, lugar de fotografía obligada por todos los turistas que hasta allí se acercan.

Una de las edificaciones más importantes de la Isla, y que requiere su propio apartado, es la Catedral de Canarias. Su historia es casi la historia de la ciudad; se comenzó a construir en 1497, fue víctima de los incendios y saqueos de los holandeses y no fue hasta finales del siglo XVIII que se reanudaron sus obras las cuales se prolongaron durante un siglo. Debido a su larga historia, en la Catedral se aprecian diversos estilos de construcción, desde la extremada ornamentación barroca hasta el neoclásico. Resulta curioso las figuras de bronce de diversas razas de perros que se encuentran en la plaza sobre la que recae la fachada principal de la catedral, al parecer, son las razas de las que proviene el nombre de Islas Canarias, que según una versión bastante aceptada proviene del latín "canis". No será en vano que tanto en el escudo de la isla, como en el de la comunidad autónoma, aparezcan dos grandes canes.

De Vegueta se podría estar escribiendo muchas, muchísimas cosas más, como la calle de Triana, que con su animado comercio te lleva hacia otras zonas de la ciudad, pero conviene destacar que también en el barrio de Vegueta se puede disfrutar de la auténtica cocina canaria, pues son múltiples los locales que ofrecen tanto al residente como al viajero esa auténtica, antes no reconocida y actualmente, sabia y adecuadamente recuperada, cocina tradicional canaria, con platos que son auténticos manjares realizados la mayor de las veces, con ingredientes sencillos pero primorosamente elaborados, que les voy a contar yo de los "enyesques" o aperitivos, con las Papas Arrugás, la Ropa Vieja o la Carajaca; seguidos del Potaje de Berros, o del Caldo de Pescado; y continuando con el Conejo en Salmorejo, el Guiso de Cabra o la Vieja en Sancocho; y para remate, los dulces postres canarios, el moderno Mouse de Gofio, el típico Bienmesabe o los espirituales Huevos Mole, verdadero placer de dioses. Eso sí, todo ello acompañado de Vinos Canarios, un cigarro puro y un ron de Arehucas.

Entre mis restaurantes preferidos, y aquí estarán de acuerdo conmigo en que cada maestrillo tiene su librillo, destacan el restaurante El Cucharón, templo gastronómico situado frente a la catedral o al emblemático Cho Zacarías, desplazado y recuperado desde la Vega de San Mateo hasta la calle de la Audiencia, para deleite de propios y extraños.


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