Tabaco en La Palma
El placer del cigarro puro

Este trabajo comienza de forma insólita con una confesión. ¡Soy fumador! Y como tal llevo el estigma lo mejor que puedo, es decir, procuro que se note lo menos posible que fumo. Lo cual en mi caso es algo muy difícil, pues soy fumador de Cigarros Puros. Ahí queda eso. Con lo que huelen y el humo que echan, pero… que quieren que les diga, a los fumadores de cigarros puros lo que más nos gusta es precisamente eso. El humo.

Bueno, a lo que vamos. Recientemente y con motivo de la celebración de las VIII Jornadas de Turismo de Canarias tuve la gratísima oportunidad de viajar hasta la Isla Bonita, la Isla de San Miguel de La Palma, donde se encuentran las comarcas de Las Breñas y sus inconfundibles y deliciosos cigarros puros, afortunadamente mucho más que las conocidísimas “brevas palmeras”.

Un poco de historia
Parece ser que no hay constancia histórica de cuando se introdujo el tabaco en las Islas Canarias y más concretamente en la Isla de La Palma, conociéndose su cultivo en esta isla a partir del siglo XVIII, aunque esta actividad, en esa época, no se puede considerar que fuera la base de una comercialización en el amplio sentido actual. No sería hasta el siglo XIX cuando la actividad mercantil del tabaco vaya ocupando una parte importante en el comercio de la Isla. Se estima que es a partir de la segunda mitad del XIX, cuando coincidiendo con la caída de la producción de cochinilla se empieza a trabajar seriamente en el tabaco, suponiendo para la sociedad palmera un importante auge en su economía, contabilizándose en una veintena las fábricas de tabacos que existían en ese momento.

Pasamos a la actualidad
En estos momentos, el tabaco en La Palma sigue teniendo una importancia destacada dentro de la economía insular, según datos de la Asociación de Tabaqueros de La Palma, se cifran en unos 12 millones de puros al año la producción de la veintena de fábricas que hay reconocidas por dicha asociación. De esta producción, entre un 30 y un 40 por ciento se destinan a la exportación, siendo el resto absorbido por el mercado insular y peninsular.

Los tabaqueros de La Palma han seguido una tradición de ser verdaderos expertos en ligar extraordinarias mezclas de tabacos de diversas partes del mundo, además de los autóctonos de la Isla. Brasil, República Dominicana, Cuba, Colombia, Connecticut o Sumatra son lugares de procedencia de las hojas con las que expertos torcedores palmeros elaboran las tripas que cubren con el capote y la capa de modo manual hasta obtener unos deliciosos cigarros, en los que no encontramos nada mas, y nada menos, que tabaco de primera calidad, sin conservantes ni aromatizantes. ¿Para qué? Con una materia prima seleccionada y una buena realización no hace falta nada más.

Y he dicho que los fabricantes de La Palma utilizan tabacos de otras latitudes además de los recolectados en la propia Isla y esto es por diversos motivos, que incluyen, además de una apuesta por la variedad y sobre todo calidad, el hecho irrefutable de que en La Palma, la actual producción de tabaco apenas llega a los 10.000 kilos al año, cuando en los años 60 se recogían cerca de 300.000 kilos en el mismo periodo de tiempo.

La globalización de la economía y las diferencias de salarios entre un operario europeo y otro de Centroamérica o Asia hacen que los precios de la materia prima sean absolutamente dispares.

En mi periplo por La Palma, tuve ocasión de visitar a la pequeña Finca Tabaquera “El Sitio” que se encuentra en pleno periodo de instalación y que sin pretender alcanzar grandes cifras de producción, sí pretende alcanzar un importante lugar en cuanto a la calidad de sus cigarros, y estoy seguro que llegará a sus metas, dado el ánimo y el conocimiento del tabaco y los cigarros de sus promotores.

Un punto a favor de los Cigarros Puros
Como dije al principio, soy fumador de cigarros puros. La afición me viene de mi primer viaje a La Habana, donde caí en las redes de los habanos, aunque poco a poco he ido descubriendo las maravillas de algunos cigarros de La Palma. Hay expertos que dicen que saborear un cigarro puro es como catar un buen vino, producto con el que tiene diversos puntos en común. Para elaborar un cigarro puro se utilizan muy pocas variedades de tabaco, sobre el que se realiza un exquisito control en el cultivo y el añejado. Seguidamente hay que saber que el proceso de fermentación de las hojas de tabaco, hacen que éste pierda gran parte de la nicotina. El cigarro puro está diseñado para arder a bajas temperaturas, de hecho, hay que encenderlo con extremo cuidado para que no se caliente demasiado, lo que le haría perder buena parte de sus fantásticas propiedad de aroma y sabor.

Y por último, recuerde que actualmente está prohibido fumar un muchos lugares, y que además, el fumador consecuente con su entorno, debe saber cuando aún a pesar de estar permitido degustar la magia del sabor de un buen cigarro puro, la presencia de personas sensibles al humo y al olor del tabaco hacen aconsejable dejar para mejor ocasión y lugar el disfrutar de ese placer, sin tener que entrar en discusiones acerca de si puedo o no puedo fumar. Evitará que se le agrie el cigarro y el carácter.

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